Les paso un adelanto de una historia de lo que va a ser mi primer libro.
Es la previa de un amistoso entre dos clubes del barrio de la Boca: Boca Alumni y Boca Juniors.
DESDE EL BARRIO El Club Boca Alumni fue uno de esos clubes que nacieron para morir pronto. Su fundación, el 1 de septiembre de 1907, tuvo lugar en un bar de la calle Garibaldi 1857, a nada de donde el Riachuelo pega la curva al sur y forma La Vuelta de Rocha. Los fundadores tomaron prestado el nombre y los colores del mítico equipo de los Brown al cual le antepusieron, para dejar clara su pretendida identidad, el nombre del barrio.
Boca Alumni tuvo su cancha, muy modesta, en el único terreno disponible en ese arrabal que Barracas al norte. Era una parcela de tierra sumergida en la Isla Maciel, sobre la calle General Rivas. El lateral paralelo a la única tribuna tenía, a escasos metros, la presencia del Riachuelo.
Finalmente la buena se le dio en 1922, con el ascenso a Primera División de la Asociación Argentina, y con ello, jugar el clásico ante el otro Boca, el que ya era muy grande, campeón y glorioso.
Pocas semanas antes que comenzara el campeonato, los dirigentes de ambos “Boca” arreglaron un amistoso para el 26/3/22 a jugarse en la cancha de Boca Juniors ubicada en la calle Ministro Brin. Cuentan los memoriosos que fue indescriptible e inenarrable el entusiasmo que reinó entre los partidarios de ambos clubes.
La leyenda urbana del barrio dice que en la Avenida Almirante Brown al 1400, muy cerca del puerto, estaba el “Café Oriente”. La particularidad de éste bar residía en que los mozos, que eran 35, eran los dueños del cafetín y formaban una cooperativa de trabajo. No tenían patrón. En ese ámbito de mesas blancas a la calle se cruzaron fuertes apuestas en relación con el clásico.
Los hinchas de Boca Alumni eran los que vivían cerca de las vías abandonadas del Ferrocarril Sud. Eran terrenos donde convivían los conventillos de madera junto a las casas baratas de material y algún caserón extraviado, resabio de una oligarquía que había dejado ese arrabal en forma de peste amarilla. El punto más alto era la imponente fábrica de Alpargatas sobre la Avenida Patricios. Pero eso ya era Barracas. Definitivamente, esas calles perdidas al sur del barrio de la Boca contrastaban en su oscuridad y tristeza con las muchas cantinas xeneizes que poblaban Almirante Brown, Necochea o Caminito. No había diferencia entre las dos barriadas. Solo eran formas distintas de cargar el orgullo.
Finalmente 4.000 hinchas llenaron las tribunas para ver el triunfo de Boca Juniors 2 a 0. Fue el primer enfrentamiento entre los dos Boca. No va a ser el último. En aquellos años veinte, que no eran locos, sino carecientes para la clase laburante, los dos Boca nos iban a dar otras historias.